| Sexismo en la literatura infantil |
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![]() por Cristina Bentancurt Como los cuentos tradicionales colaboran en la perpetuación de los estereotipos de género. Caperucita roja, La bella durmiente, La cenicienta, Blanca Nieve y los siete enanitos… ¿quién no ha disfrutado al escucharlos y quién no ha disfrutado contándolos? Heroínas bellas, delicadas, frágiles, vulnerables, obedientes, sumisas, ingenuas, inocentes… Héroes fuertes, valientes, audaces, aventureros, inteligentes, protectores, salvadores… Estamos luchando, hace tiempo, por “desnaturalizar” lo que insiste en parecer natural; por deshacer estereotipos de género, por hacer visibles cualidades y sentimientos que la cultura no nos ha permitido expresar. Y, paralelamente a estas reivindicaciones, seguimos contando cuentos que perpetúan modelos de género que no hacen más que promover la inequidad y las relaciones de poder entre hombre y mujeres. Mujeres intuitivas, respetuosas, sensibles, abnegadas, madre-esposas, cuidadoras, con un cuerpo reproductivo en el que el placer tiene poco lugar. Hombres agresivos, atrevidos, racionales, protagonistas, proveedores, con un cuerpo para el placer. Todos estos atributos que nos han adjudicado según el sexo, no son más que construcciones sociales sin bases científicas demostrables. Cada cultura, en determinado momento histórico ha construido un modelo de mujer y un modelo de varón a los que las personas han tenido que ajustarse de la mejor forma posible de manera de responder adecuadamente al mandato social. Pero, ¿qué sucede si alguien no logra acomodarse al molde, si no encaja perfectamente en él? Seguramente vendrá la frustración, la inseguridad, el sentimiento de no pertenencia y el rechazo por parte de los-as demás que lo-a hará infeliz. El niño racional y la niña intuitiva; el varón agresivo y la niña delicada; el alumno inteligente y la alumna aplicada; el hombrecito rebelde y la mujercita obediente, responden a patrones aprendidos. Ellos generan relaciones de poder en las que unos dominan y otras son subordinadas y esto se perpetúa de tal manera que pueden desembocar con el tiempo, en situaciones de inequidad y hasta de violencia de género. Como docentes debemos tener esto presente siempre y estar alertas a todo lo que pueda promover la afirmación de los modelos estereotipados e injustos. La literatura infantil llamada “clásica” no tiene por qué desaparecer. Ella ha sido y sigue siendo fuente de placer y de fantasía. Podemos sí disfrutarla con una mirada nueva. Analizar los cuentos, identificar las cualidades que le adjudican a héroes y heroínas, proponer otras que los-as harían más reales y justos, son ejercicios que podemos hacer en el aula y que permiten a los-as alumnos-as reconocer lo que son estereotipos construidos y las características que son naturales en hombres y mujeres. Hoy ya circulan hermosos cuentos no sexistas que podemos llevar a la clase y en los que encontraremos hombres capaces de llorar, que se emocionan, que cocinan, que son felices cuidando a sus hijos-as, que supervisan los deberes, así como mujeres ingenieras, eficientes gerentes de empresas, inteligentes políticas que también se emocionan y lloran, ríen y son felices. “Que duermas bien Alfonso”, “La otra mitad de Juan”, “Arturo y Clementina”…propongámonos descubrir literatura que nos ayude a trabajar con una perspectiva de género. María Cristina Bentancurt Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
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