| Réquiem por Saramago |
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![]() por Michel Croz El escritor que no se fue. "Perturbar el orden, corregir el destino, para mejorarlo o para empeorarlo, es igual, lo que hay que hacer es impedir que el destino sea destino". José Saramago El escritor portugués José Saramago murió. No se fue. Nadie se va. Sea este, escritor o artista, o lo que sea, aunque sea uno de los “hombre de paja” de los poemas de T.S. Elliot, o los que ni “siquiera merecen permanecer en el alba del día siguiente”, de “Poeta en Nueva York” de Lorca. “De aquí nadie se va, nadie”, dice con voz de trueno León Felipe. Mueren y punto. Punto final. O casi. Para un ateo ferviente como Saramago, no hay trascendencia posible en la muerte, ni después de la muerte. La muerte es una frontera, nada más. Y luego esta el recuerdo, la memoria de los vivos (nosotros, ustedes) que reviven a los muertos. ![]() A los 87 años, Saramago, novelista, poeta y periodista, tras desayunar comenzó a sentirse mal y a los pocos minutos murió. De muerte morida, nada más. En su camino vital el portugués conjugó alta literatura y compromiso militante. Era un agudo observador de la modernidad, de este tiempo y espacio que le toco atravesar. Comunista y crítico del comunismo y de todas las formas de la intolerancia política e ideológica, se jactaba de no tener poder para cambiar el mundo, pero sí para decir que era necesario cambiarlo. "Sólo soy alguien que, al escribir, se limita a levantar una piedra y a poner la vista en lo que hay debajo. No es culpa mía si de vez en cuando me salen monstruos", afirmó en 1997. La Academia Sueca le otorgó el Nobel de Literatura en 1998, año del centenario del nacimiento de otro gran poeta ibérico: Federico García Lorca. ![]() Hijo y nieto de campesinos José de Souza nació el 16 de noviembre de 1922, pero el notario del pueblo (dicen que por hacerle una broma a su padre) escribió que había sido el 18 y cambió el apellido auténtico del niño por el apodo de la familia: “Saramago”, que no es más que una hierba silvestre. Publicó su primera novela en 1947, "Tierra de pecado". El reconocimiento mundial no le llegó hasta los sesenta años, con "Memorial del convento". Fue juzgado y condenado por la jerarquía de la empresa transnacional llamada santa iglesia católica romana, que con saña, lo sigue quemando en la hoguera. En 1991 publica “El evangelio según Jesucristo”, una novela que es considerada una ofensa a los católicos (a los prelados y a los papasantos hipócritas). Se le impide participar en un premio literario europeo, y tras una agria polémica, el escritor decide abandonar el país e instalarse en la isla de Lanzarote. En la novela, 2000 años de cristianismo -de sufrimientos estériles- son un engaño, la maquinación de un dios soberbio y maquiavélico que inventó el sacrificio de la cruz para acrecentar su poder, porque (se sabe) la salvación no existe. "Ensayo sobre la ceguera", "Todos los nombres", "Ensayo sobre la lucidez", "La caverna", "El hombre duplicado", "Las intermitencias de la muerte" son también novelas de este gran escritor que en su último libro, "Las pequeñas memorias", entrelazó los recuerdos de su infancia: "He intentado no hacer nada en la vida que avergonzara al niño que fui."
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pepa & balaca - de copa américa y mundial - por elele
celesteee soy yo !!!
por primera vez
ganamos de primera
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